En cuanto vio al pequeño humano, sonrió; no supo muy bien por qué lo hizo, pero intuyó que tenía algo que ver con los movimientos de este: existía un claro contraste entre torpeza y desconcierto en sus gestos. Uno no esperaba que fuera capaz de realizar acciones como tomar la comida de la que, aparentemente, era su progenitora y llevárselo a la boca de forma poco precisa, cayéndosele parte del alimento ente los dedos… Y sin embargo, lo lograba.
Mientras seguía observando al pequeño espécimen, se dijo a sí mismo que sonreír ante aquello le hacía muy humano.